El ADN que desmontó una tumba de hace 5.500 años en Gotland

Historia

En una isla del Báltico, una escena funeraria de hace unos 5.500 años acaba de perder parte de su apariencia más obvia. Una joven enterrada entre dos niños en Ajvide, Gotland, podía parecer a simple vista una madre acompañando a sus hijos. El ADN antiguo cuenta otra historia: los niños eran hermanos, pero ella no era su madre. Probablemente era su tía paterna, o quizá una media hermana.

El hallazgo procede de un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B por un equipo vinculado a la Universidad de Uppsala. Los investigadores analizaron ADN de dientes y huesos de diez individuos hallados en cuatro tumbas compartidas del cementerio neolítico de Ajvide, uno de los yacimientos de cazadores-recolectores mejor conservados del norte de Europa.

La parte intrigante no es que hubiera parentesco. Es que el parentesco no siempre era el que los arqueólogos habrían supuesto mirando la posición de los cuerpos. Las tumbas reunían parientes de primer, segundo y tercer grado: padres e hijos, pero también tías, posibles medios hermanos, primos o vínculos equivalentes. En otras palabras, la comunidad parecía reconocer líneas familiares más amplias que la familia nuclear.

El cementerio de Ajvide: una ventana rara al Neolítico báltico

Ajvide se encuentra en Gotland, una isla sueca del mar Báltico. Hace unos 5.500 años, mientras la agricultura ya se había extendido por buena parte de Europa, los grupos asociados a la cultura de la cerámica perforada mantenían un modo de vida de cazadores, pescadores y recolectores. Las fuentes académicas describen una subsistencia muy ligada al mar, con caza de focas y pesca, aunque estudios isotópicos recientes también han subrayado la importancia de recursos de agua dulce en la zona.

El cementerio contiene alrededor de 85 tumbas conocidas. Ocho de ellas incluyen a más de una persona. El nuevo trabajo se centró en cuatro enterramientos compartidos, una muestra pequeña pero valiosa porque los cementerios de cazadores-recolectores con restos bien preservados son poco frecuentes.

Lo que reveló el ADN

El estudio generó nuevos datos genómicos de diez individuos y los comparó con genomas ya publicados de otras personas asociadas a la misma cultura en Gotland. Según el resumen académico, la población estudiada tenía una ascendencia aproximada de un 80% ligada a cazadores-recolectores mesolíticos y un 20% relacionada con grupos agricultores. Eso indica contacto genético, pero no una absorción simple por el mundo agrícola vecino.

  • Una mujer de unos 20 años fue enterrada con dos niños pequeños. El ADN mostró que los niños eran hermanos, pero la mujer no era su madre.
  • En otra tumba, una niña estaba asociada a restos de un hombre adulto que probablemente habían sido desplazados desde otro lugar. El análisis indicó que era su padre.
  • Dos niños enterrados juntos no eran hermanos, sino parientes de tercer grado, probablemente primos.
  • Una niña de unos 8 a 10 años y una mujer joven también resultaron ser parientes de tercer grado.

El misterio no es sobrenatural: es social

Este tipo de descubrimiento puede sonar menos espectacular que una ciudad perdida, pero toca una pregunta profunda: ¿cómo recordaban sus familias las comunidades prehistóricas? La hipótesis más sólida es prudente: en Ajvide, la colocación de varios cuerpos en una misma tumba no era aleatoria. El parentesco biológico importaba, y ese parentesco podía extenderse más allá de padres, hijos y hermanos.

Lo que no puede afirmarse es que el ADN revele por sí solo el afecto, la jerarquía o el significado ritual exacto. Una tía enterrada con dos niños pudo haber tenido un papel de cuidado, de linaje, de memoria familiar o de ceremonia. El estudio no demuestra cuál de esas opciones es correcta. Sí obliga a abandonar una lectura demasiado automática de las tumbas: una mujer junto a niños no siempre es una madre; dos niños juntos no siempre son hermanos.

Claves del hallazgo

  • El estudio examinó diez individuos de cuatro tumbas compartidas de Ajvide.
  • Todas las tumbas compartidas analizadas reunían personas emparentadas.
  • Varios vínculos eran de segundo o tercer grado, no de familia nuclear inmediata.
  • El resultado sugiere una memoria de linaje compleja entre cazadores-recolectores neolíticos.

Una lección contra las lecturas fáciles del pasado

El atractivo de Ajvide está precisamente en esa corrección de perspectiva, la misma cautela que exigen otros misterios arqueológicos que obligan a releer el pasado. Durante décadas, la arqueología tuvo que interpretar gestos funerarios a partir de huesos, objetos y posiciones. El ADN antiguo no sustituye esa lectura, pero puede desarmar ciertas intuiciones modernas. En este caso, la imagen aparentemente familiar de una tumba se convierte en una red de relaciones más amplia.

El enigma que queda abierto no es si aquellas personas estaban relacionadas: el estudio lo confirma en los casos analizados. La pregunta pendiente es qué significaba exactamente ser enterrado con un primo, una tía o un padre en una comunidad de cazadores-recolectores del Báltico. Ajvide no ofrece una respuesta definitiva. Ofrece algo quizá más interesante: la prueba de que hace 5.500 años la memoria familiar podía ser más extensa, precisa y ritualizada de lo que imaginábamos.

Fuentes consultadas

  • Proceedings of the Royal Society B, DOI 10.1098/rspb.2025.0813.
  • Registro PubMed PMID 41705298.
  • Comunicado de la Universidad de Uppsala y notas de ScienceDaily/EurekAlert.
  • Contexto arqueológico complementario sobre recursos pesqueros de Ajvide en Quaternary Science Reviews.
Tags: actualidad, España

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