Webb resuelve parte del enigma de WASP-107 b, el exoplaneta hinchado que desafía los modelos

Ciencia
Ilustración artística del exoplaneta WASP-107 b con su atmósfera extendida
WASP-107 b es un mundo extremadamente poco denso, observado con Webb y Hubble para entender por qué su atmósfera parece tan inflada. Crédito: NASA, ESA, CSA, Ralf Crawford (STScI).

No todos los misterios del espacio tienen forma de señal extraña o de objeto imposible. A veces el enigma es más sutil: un planeta que, sencillamente, no debería verse así. Eso es lo que ocurre con WASP-107 b, un exoplaneta situado a unos 210 años luz, tan grande que recuerda a Júpiter por volumen, pero tan ligero que durante años descolocó a los modelos clásicos de formación planetaria.

El punto de inflexión llegó con las observaciones del telescopio espacial James Webb, combinadas con datos previos del Hubble y con trabajos posteriores publicados en 2026. El cuadro que emerge no convierte a WASP-107 b en un caso cerrado, pero sí ofrece la explicación más sólida hasta ahora: su atmósfera estaría inflada por un interior mucho más caliente de lo esperado, alimentado al menos en parte por el calentamiento de marea.

Claves rápidas del dossier:

  • WASP-107 b tiene un tamaño enorme para su masa y densidad extremadamente baja.
  • Webb detectó vapor de agua, dióxido de carbono, monóxido de carbono, dióxido de azufre, amoníaco y muy poco metano.
  • La escasez de metano sugiere una atmósfera mezclada con capas internas mucho más calientes.
  • Un estudio aceptado en 2026 refuerza que la órbita no es perfectamente circular, algo importante para la hipótesis del calentamiento de marea.
  • Sigue habiendo incertidumbres: no es un misterio “resuelto al 100%”, sino un caso mucho mejor acotado.

Qué hace tan raro a WASP-107 b

Según el archivo oficial de exoplanetas de la NASA, WASP-107 b completa una órbita en apenas 5,72 días y pertenece a la familia de los mundos de baja densidad. En términos sencillos: ocupa un volumen desproporcionado para la cantidad de materia que contiene. Esa combinación lo convirtió en uno de los ejemplos más claros de planeta “hinchado” o puffy.

El problema científico era serio. Si el planeta tuviera un núcleo rocoso muy pequeño y una envoltura inmensa de gas, costaba explicar cómo pudo acumular tanto material sin terminar convirtiéndose en algo mucho más masivo. Y si el núcleo era mayor, entonces hacía falta una fuente extra de energía interna para impedir que la atmósfera se contrajera con el tiempo.

Hecho establecido: WASP-107 b no es “imposible”. Lo que desafió a los modelos fue su combinación concreta de radio, masa, densidad y química atmosférica.

La pista decisiva: menos metano del esperado

El gran avance vino de la espectroscopía de tránsito. Cuando WASP-107 b pasa delante de su estrella, una parte de la luz estelar atraviesa su atmósfera. Analizando esa luz, Webb permitió identificar varias moléculas y, sobre todo, medir una anomalía química muy importante: el metano estaba muchísimo más depletado de lo que predecían los modelos simples para un planeta de su temperatura.

Los dos estudios principales de 2024, difundidos por NASA y publicados en Nature, coincidieron en la idea central. La atmósfera no encaja con un interior frío. Los datos apuntan a mezcla vertical vigorosa y a un flujo de calor interno elevado. Dicho de otro modo: el planeta parece recibir energía desde dentro, no solo desde su estrella.

Ese detalle cambia la historia. Si el interior está más caliente y el planeta tiene un núcleo más masivo de lo que se pensaba, entonces su gran tamaño deja de parecer un capricho estadístico y pasa a ser compatible con una estructura más parecida a la de un Neptuno muy recalentado.

Por qué las mareas son ahora la mejor explicación

La hipótesis más fuerte es el calentamiento de marea. Funciona así: si la órbita no es perfectamente circular, la gravedad de la estrella estira y comprime el planeta de forma periódica. Ese “amasado” gravitatorio disipa energía en el interior y produce calor.

Durante un tiempo, esa idea era plausible pero no decisiva. El refuerzo llegó con un trabajo aceptado en The Astrophysical Journal Letters en 2026, que combinó una ocultación secundaria observada por JWST con tiempos de tránsito de Hubble, TESS y el propio Webb. El estudio estimó una excentricidad de alrededor de 0,09, con un límite inferior claramente distinto de cero. Esa medición no demuestra por sí sola toda la historia térmica del planeta, pero sí encaja muy bien con el escenario en el que las mareas aportan una fracción relevante del calor necesario para mantener el radio inflado.

Hipótesis seria, no hecho absoluto: el calentamiento de marea es hoy la mejor explicación respaldada por el conjunto de datos, pero los científicos siguen afinando cuánto calor aporta exactamente y cómo encaja con la migración orbital del planeta.

Lo que añaden los estudios más recientes

El caso de WASP-107 b no se limita a su tamaño. Otros trabajos recientes han detectado señales de una atmósfera muy extendida y dinámica. Un artículo de Nature Astronomy describió un gran escape de helio antes y después del tránsito, lo que sugiere que el planeta está perdiendo material en una envoltura enorme. Otro estudio encontró indicios de asimetría entre los hemisferios matutino y vespertino de la atmósfera.

Estas observaciones no contradicen la explicación principal; al contrario, muestran que WASP-107 b es un laboratorio natural para entender cómo interactúan la química, la circulación atmosférica, la pérdida de masa y el calor interno en planetas de baja densidad.

Qué está resuelto y qué no

La parte mejor apoyada del dossier es clara: WASP-107 b no parece estar inflado por una simple ilusión observacional ni por un error de masa. Los datos de Webb y Hubble sostienen que existe una conexión real entre su química atmosférica y un interior más caliente de lo previsto.

Lo que sigue abierto es el reparto exacto de responsabilidades. Queda por precisar cuánto calor procede de las mareas, cuánto interviene la historia de migración del planeta y cómo evoluciona a largo plazo una atmósfera tan extendida. Tampoco hay ninguna evidencia de algo exótico en sentido sensacionalista: no hablamos de tecnología, ni de una física imposible, ni de una anomalía fuera del marco científico conocido.

Importante: WASP-107 b es un misterio científico documentado, no un “planeta imposible” en el sentido viral del término. La evidencia disponible apunta a mecanismos astrofísicos reales y medibles.

Por qué importa este caso

El interés de WASP-107 b va más allá de un solo mundo extraño. Si el calentamiento de marea y la mezcla atmosférica explican bien su hinchamiento, ese marco puede ayudar a interpretar otros exoplanetas ligeros y grandes que todavía parecen anómalos. En astronomía, resolver un caso raro suele servir para ordenar toda una familia de objetos.

Y ahí está la razón por la que este planeta sigue atrayendo tanta atención: no solo es extraño, sino útil. Obliga a conectar dinámica orbital, estructura interna y química atmosférica con una precisión que hace pocos años era imposible.

Preguntas frecuentes

¿WASP-107 b es habitable?

No. Es un mundo gaseoso, muy cercano a su estrella y con condiciones incompatibles con la vida tal como la conocemos.

¿Qué descubrió exactamente el telescopio Webb?

Detectó con gran precisión la composición atmosférica y confirmó una escasez anómala de metano, una pista clave para inferir un interior más caliente y una mezcla vertical intensa.

¿Está completamente resuelto el misterio del planeta hinchado?

No del todo. La explicación del calentamiento de marea es la mejor respaldada hoy, pero todavía se discuten los detalles de la migración orbital y la contribución exacta de cada proceso físico.

Fuentes

Tags: astronomía, exoplanetas, James Webb, NASA, WASP-107 b

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