Ío no solo es el mundo más volcánico del Sistema Solar: ahora empieza a revelar qué ocurre justo bajo su piel. El radiómetro de microondas de la sonda Juno detectó que la temperatura aumenta más de 20 °C en los primeros metros bajo la superficie de la luna de Júpiter. Es la primera vez que una medición de este tipo permite seguir el calor a poca profundidad en un mundo rocoso tan activo.
El resultado no ofrece una imagen completa del interior de Ío ni decide todavía una causa única. Su valor está en abrir una capa que los instrumentos infrarrojos no alcanzaban: mientras el infrarrojo registra la temperatura de la capa exterior, las microondas empleadas por Juno pueden entrar aproximadamente entre 2 y 6 metros en la corteza.
La nueva ventana: metros bajo la corteza, no el centro de la luna
Juno recogió estos datos en dos sobrevuelos cercanos, el 30 de diciembre de 2023 y el 3 de febrero de 2024. Sus canales de microondas de baja frecuencia registraron emisión térmica a varias profundidades. El patrón fue consistente: al descender unos pocos metros, la temperatura sube de forma que la calefacción solar por sí sola no explica.
Qué está medido y qué queda abierto
| Dato | Alcance |
|---|---|
| Profundidad sondeada | En los canales más bajos, aproximadamente de 2 a 6 metros. |
| Gradiente térmico | Más de 20 °C de aumento en los primeros metros observados. |
| Conclusión pendiente | Los datos no separan definitivamente el calor que atraviesa una corteza conductora de la señal de lava o respiraderos cubiertos por una costra fina. |
Dos explicaciones compatibles con el mapa térmico
Una posibilidad es que el calor interno ascienda de manera relativamente continua a través de una corteza que lo conduce. La otra es más localizada: coladas de lava en enfriamiento o zonas calientes podrían quedar bajo una capa solidificada de unos 9 a 11 metros. Ambas lecturas encajan con la señal disponible; convertir cualquiera de ellas en una respuesta definitiva sería ir más allá de la medición.
El mapa también localiza focos especialmente cálidos. Uno, situado entre 60 y 120 grados de longitud oeste, aparece entre 10 y 20 °C por encima de su entorno. Otro se extiende cerca del ecuador. Esas anomalías muestran que el calor no se distribuye de forma uniforme en la franja superficial examinada.

Una superficie más ligera de lo que parece
Las mismas observaciones añaden otra pieza: fuera de las montañas visibles, gran parte de la superficie respondió a las microondas como un material de densidad baja, más próximo a ceniza volcánica o piedra pómez que a roca maciza. También aparecen extensiones lisas de 100 kilómetros o más a esta escala de observación.
La novedad no consiste en convertir a Ío en un enigma sin respuesta, sino en disponer de una forma de comprobar cómo se desplaza su calor antes de que llegue a la superficie o a una erupción. Para la ciencia planetaria, ese cambio de escala abre una comparación más precisa entre sus volcanes y otros mundos donde el calor queda oculto bajo una corteza.



















