UNIVERSO TEMPRANO
Treinta y un puntos de luz han ampliado de golpe el mapa de los cuásares más remotos. Dos de ellos pertenecen a una época en la que el universo tenía unos 670 millones de años. La fuerza del hallazgo de Euclid no es solo que bate una marca: ofrece una muestra nueva para estudiar un tramo del cosmos que todavía resulta difícil de observar.
El hallazgo, en tres cifras
| Dato | Qué significa |
|---|---|
| 31 | Nuevos cuásares identificados por el estudio. |
| 12 | Objetos situados en los primeros 770 millones de años del universo. |
| 2 | Los más tempranos de la muestra, observados como eran unos 670 millones de años después del Big Bang. |
Qué ilumina un cuásar
Un cuásar no es una estrella aislada. Es el brillo extremo que se produce cuando gas y polvo caen hacia un agujero negro supermasivo. La materia se calienta mientras gira a su alrededor y libera una enorme cantidad de energía. Por eso estos objetos pueden sobresalir incluso frente a la galaxia que los alberga.
La distancia convierte esa luz en un mensaje muy tenue. En los casos más lejanos, además, distinguirla de la de las estrellas cercanas es parte del problema. Ahí está el valor práctico de ampliar el catálogo: no se trata de una imagen espectacular aislada, sino de localizar candidatos comparables en un intervalo muy temprano del universo.
Dos ventanas para encontrar una señal antigua
- Euclid observa en infrarrojo. Esa parte del espectro ayuda a localizar luz de objetos muy distantes.
- Los telescopios en tierra aportan el contraste óptico. Las imágenes de Subaru participaron en el trabajo y permiten complementar esa selección.
- La muestra se sitúa entre z=6,6 y z=7,8. Es la franja de distancia cosmológica descrita en el estudio publicado en Astronomy & Astrophysics.
El cambio de escala se aprecia en un dato: antes de este resultado se conocían nueve cuásares con corrimiento al rojo superior a 7; la nueva muestra incorpora doce en ese régimen. No equivale a tener un inventario completo del universo temprano, pero reduce una escasez que dificultaba comparar objetos.
Una muestra para una pregunta que sigue abierta
Los dos cuásares más tempranos de la serie fueron observados a más de 13.000 millones de años luz. Mirarlos es recibir luz emitida cuando el universo era muy joven, no viajar a ese momento. La precisión importa: la observación abre una ventana sobre aquella etapa, pero no convierte el pasado remoto en un laboratorio controlado.
Euclid fue diseñado para cartografiar una enorme parte del cielo y estudiar la expansión acelerada del universo. Este resultado muestra otro uso de esa amplitud: encontrar objetos raros que pueden ayudar a reconstruir cómo aparecieron las primeras galaxias y sus agujeros negros. Para otro ejemplo de cómo los grandes sondeos cambian el mapa cósmico, puede leerse nuestro análisis sobre la cartografía de materia oscura y la misión Arrakihs.



















