La abolladura magnética que se expande sobre Sudamérica: qué sabemos (y qué no) de la Anomalía del Atlántico Sur en 2026

Ciencia

Sobre el sur de Brasil, Paraguay y el Atlántico austral hay una zona del tamaño de media Europa donde el escudo magnético de la Tierra se debilita cada vez más. Los satélites la cruzan en pocos minutos; cuando lo hacen, los detectores ultravioleta del telescopio Hubble se apagan solos y los astronautas ven destellos sin fuente visible. No es una anomalía nueva — se identificó por primera vez en el siglo XIX y se cartografió con precisión en 1958 — pero en mayo de 2026 un equipo de geociencias español publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) la primera reconstrucción arqueomagnética de 2.000 años que demuestra que es un fenómeno recurrente del campo terrestre, no el preludio de una inversión de polos.

Imagen del instrumento MISR a bordo del satélite Terra de la NASA que muestra la extensión de la Anomalía del Atlántico Sur sobre Sudamérica y el océano Atlántico austral.
La Anomalía del Atlántico Sur captada por el instrumento MISR del satélite Terra de la NASA. La zona oscura indica la región donde el campo magnético terrestre es más débil. Crédito: NASA Earth Observatory / MISR (dominio público).

Qué es exactamente la Anomalía del Atlántico Sur

La Anomalía del Atlántico Sur (SAA, por sus siglas en inglés) es el área donde el cinturón interno de Van Allen —la primera trampa de partículas cargadas que envuelve la Tierra— se acerca más a la superficie, hasta unos 200 kilómetros de altitud. A unos 500 km, donde orbitan la mayoría de satélites operativos, la SAA cubre desde los 50° de latitud sur hasta el ecuador, y desde los 90° a los 40° de longitud oeste. En esa franja, la intensidad del campo magnético cae por debajo de las 32.000 nanoteslas a nivel del mar, frente a las 60.000-65.000 nanoteslas de una zona normal.

Su origen es geométrico, no catastrófico. La Tierra no coincide exactamente con su propio dipolo magnético: el eje del campo está desviado unos 450-500 km respecto al centro del planeta y forma unos 11° con el eje de rotación. El resultado es que el cinturón interno de Van Allen, simétrico respecto al eje magnético, se acerca más a la superficie en el Atlántico sur —el punto antípoda del nido magnético cerca de Singapur— y se aleja más en el Pacífico norte.

Encima de esa geometría actúan dos factores dinámicos: por un lado, una inmensa provincia de roca densa en el manto bajo África (la LLSVP africana, por African large low-shear velocity province) que distorsiona el campo que sale del núcleo; por otro, las llamadas reverse flux patches, zonas del límite núcleo-manto donde las líneas de campo, en lugar de salir, vuelven a entrar. Ambas son las firmas que la constelación Swarm de la ESA detecta en tiempo real y que permiten explicar por qué el debilitamiento no es uniforme sino que se bifurca hacia el suroeste de África.

Lo que sabemos hoy, en cifras

El campo magnético terrestre no es estático. En los últimos 200 años ha perdido alrededor de un 9% de su fuerza media global. En el corazón de la anomalía, la caída ha sido más brusca: entre 1970 y 2020, la intensidad mínima se desplomó de 24.000 a 22.000 nanoteslas. Al mismo tiempo, la zona se ha desplazado hacia el oeste a un ritmo de unos 20 kilómetros por año — una deriva muy próxima a la rotación diferencial entre el núcleo terrestre y la corteza, estimada entre 0,2° y 0,5° anuales.

Un segundo trabajo, basado en 11 años de datos de Swarm y publicado en Physics of the Earth and Planetary Interiors con Chris Finlay (Universidad Técnica de Dinamarca) como autor principal, eleva la cifra: desde 2014 la anomalía se ha expandido en un área casi equivalente a media Europa continental, y desde 2020 una región al suroeste de África se debilita aún más rápido que el resto.

Cifra Valor Fuente
Pérdida global del campo en 200 años ~9% ABC / Gómez-Paccard et al., PNAS 2026
Intensidad mínima en el corazón de la SAA (1970) 24.000 nT ABC / PNAS 2026
Intensidad mínima en el corazón de la SAA (2020) 22.000 nT ABC / PNAS 2026
Deriva hacia el oeste ~20 km/año ABC / PNAS 2026
Expansión acumulada desde 2014 ~0,5 Europa continental ScienceDaily / Finlay et al., PEPI 2026
Altitud mínima del cinturón interno ~200 km Wikipedia / NASA
Centroide en enero 2021 26,61°S 49,06°O Wikipedia / Pavón-Carrasco 2016
Inclinación orbital de la ISS 51,6° Wikipedia

Lo nuevo de 2026: Swarm, arqueomagnetismo y posible escisión

Tres piezas de 2025-2026 reescriben la pregunta sobre la SAA. La primera es la constelación Swarm: lanzada el 22 de noviembre de 2013 como cuarta misión Earth Explorer de la ESA, sus tres satélites miden señales magnéticas del núcleo, el manto, la corteza, los océanos, la ionosfera y la magnetosfera. Hoy posee el récord continuo más largo de observaciones espaciales del campo geomagnético, y sus datos de 2026 muestran que la anomalía parece estar a punto de dividirse en dos células diferenciadas.

La segunda es arqueológica, no satelital. El equipo del Instituto de Geociencias (CSIC-UCM) liderado por Miriam Gómez-Paccard y F. Javier Pavón-Carrasco reconstruyó el campo magnético en Sudamérica durante los últimos 2.000 años analizando cerámicas y hornos datados por carbono 14. La técnica, llamada arqueomagnetismo, se apoya en óxidos de hierro atrapados en el barro cocido: al enfriarse, esas arcillas conservan la dirección e intensidad del campo del momento, igual que una brújula fósil. Las 41 nuevas mediciones absolutas obtenidas con protocolos experimentales rigurosos cubren una zona del hemisferio sur donde los datos eran escasos, y permiten fechar por primera vez la génesis de la anomalía actual: surgió después del año 1100 en el océano Índico y cruzó África hasta alcanzar Sudamérica.

La conclusión es que la SAA no es excepcional ni reciente, sino la última manifestación de un proceso recurrente en escalas de siglos a milenios. La asimetría norte-sur en la fuerza del campo es persistente y está ligada a la dinámica profunda del núcleo terrestre, posiblemente modulada por la estructura del manto. El estudio no implica una inversión de polos inminente, pero sí mejora la base científica para evaluar cómo evolucionará el escudo magnético y qué consecuencias tecnológicas puede tener.

Por qué importa para satélites y astronautas

Para los satélites que cruzan la anomalía, la consecuencia es directa: durante varios minutos por órbita, los paneles y la electrónica quedan expuestos a una dosis alta de protones atrapados en el cinturón interno. La ISS, con inclinación de 51,6°, recibe esa dosis con regularidad y por eso necesita blindaje adicional en ciertos módulos. El telescopio Hubble, más sensible, interrumpe sus observaciones con detectores ultravioleta mientras atraviesa la zona. En 2007, la constelación Globalstar sufrió fallos que se atribuyen al paso por la SAA. La Space Shuttle documentó cuelgues de ordenadores portátiles en vuelo; el sensor de llamaradas solares del Skylab dio falsas alarmas por la misma razón.

Los astronautas, además, han reportado durante décadas una constelación peculiar de «estrellas fugaces» sin fuente externa visible: fosfenos inducidos por partículas cargadas que atraviesan la retina. Es lo que la documentación médica de la NASA llama cosmic ray visual phenomena, y la SAA es su entorno favorito.

Cronología mínima de un misterio de 200 años

  • Siglo XIX: se identifica por primera vez una zona de campo magnético debilitado al sureste de Sudamérica.
  • 1958: se acota como «anomalía» cartografiable con los primeros datos satelitales.
  • 2013: la ESA lanza Swarm, que durante la década siguiente medirá con precisión sin precedentes la evolución del campo.
  • 2022: un estudio sueco-estadounidense descarta que el fenómeno sea preludio de una inversión de polos magnéticos.
  • Octubre 2025: la ESA confirma que la SAA se ha expandido y que una zona al suroeste de África se debilita aún más rápido.
  • Febrero 2026: ScienceDaily y la ESA difunden que el área equivalente a media Europa se ha sumado al crecimiento de la anomalía desde 2014.
  • Mayo 2026: Gómez-Paccard y Pavón-Carrasco (CSIC-UCM) publican en PNAS la reconstrucción arqueomagnética de 2.000 años que demuestra su carácter recurrente.

Lo que sabemos, lo que no, lo que viene

Tres bloques separan hoy el conocimiento consolidado, las hipótesis activas y las preguntas por responder. El primero reúne los hechos medidos: la SAA existe desde hace más de un siglo, se ha expandido y desplazado hacia el oeste, su intensidad mínima cae de forma sostenida, y su causa está en la combinación del dipolo descentrado, el LLSVP africano y las reverse flux patches en el núcleo. El segundo bloque contiene la hipótesis fuerte del momento: que la anomalía se está escindiendo en dos células separadas, defendida por Swarm y avalada por el patrón asimétrico de debilitamiento. El tercero, abierto, es por qué esta recurrencia se manifiesta ahora con tanta intensidad: si responde solo a la dinámica del núcleo o también a procesos del manto y a escalas aún por fechar.

Lo que el estudio PNAS descarta de forma explícita es el escenario-catástrofe: la SAA no es el preludio de una inversión de polos. Lo que el estudio PNAS sí deja claro es que la próxima vez que se debilite, dentro de siglos, lo hará sobre otra geografía. La «abolladura» que hoy preocupa a los ingenieros espaciales no es más que la última huella de un latido lento del campo terrestre — uno que la humanidad, por primera vez, ha aprendido a fechar.

Fuentes

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