La señal Wow!: 49 años después, el único mensaje que podría no ser nuestro

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Lo esencial: el 15 de agosto de 1977, un radiotelescopio de Ohio registró durante 72 segundos una señal de radio estrecha en 1420 MHz, la frecuencia del hidrógeno neutro. Duró lo justo para que un astrónomo voluntario escribiera «Wow!» al borde de la impresión, y nunca más se repitió. Cuarenta y nueve años después, sigue sin tener una explicación cerrada: en 2024 un preprint con datos de Arecibo la reinterpretó como un evento astrofísico raro, y en 2026 la banda británica Muse titula con ella su décimo álbum.

La señal Wow! es, con diferencia, el caso más citado de toda la historia de la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI), y al mismo tiempo el más incómodo: una sola observación, breve, sin repetición y sin confirmación. Lo que pasó aquella noche de verano en una colina de Ohio es un hecho. Lo que aquello significaba es algo que la ciencia aún no ha podido cerrar.

Una noche de agosto en Ohio

El radiotelescopio Big Ear de la Universidad Estatal de Ohio, diseñado por John D. Kraus y operativo entre 1963 y 1998, llevaba años dedicado al proyecto SETI de la propia universidad. Su trabajo era rutinario: registrar señales, imprimirlas en largas tiras de papel continuo y dejar que voluntarios las revisaran días después en busca de anomalías. El 15 de agosto de 1977, a las 22:16 hora local (03:16 UTC del 16 de agosto), una de esas tiras registró una secuencia codificada como 6EQUJ5, una intensidad varias veces por encima del ruido de fondo, en una banda muy estrecha, durante los 72 segundos exactos en los que el Big Ear podía observar esa porción del cielo.

Unos días más tarde, el astrónomo voluntario Jerry R. Ehman vio la impresión, rodeó con un círculo rojo el código y escribió una sola palabra al margen: Wow!. Esa palabra le dio nombre a la señal y, con el tiempo, un lugar propio en la cultura popular. Ehman nunca imaginó que ese garabato se convertiría en el evento SETI más conocido del siglo XX.

Por qué importa esa frecuencia

La señal cayó en 1420 MHz, la famosa línea de 21 centímetros del hidrógeno neutro. No es una frecuencia cualquiera. Ya en 1959, los físicos de Cornell Philip Morrison y Giuseppe Cocconi habían propuesto en un artículo fundador que cualquier civilización tecnológicamente avanzada que quisiera ser detectada usaría precisamente esa longitud de onda, porque es la firma natural del elemento más abundante del universo. Desde entonces, 1420 MHz forma parte de una banda protegida para investigación astronómica, en la que las transmisiones terrestres están prohibidas. Cuando un detector escucha algo ahí, lo lógico es asumir un origen natural o astronómico, no humano.

La señal Wow! reunía, además, otras tres características que la convertían en una candidata seria a tecnofirma: era narrowband (muy estrecha en frecuencia, lo que sugiere un emisor coherente, no un fenómeno natural extenso), seguía aproximadamente la curva esperada de una fuente en deriva por la rotación terrestre, y alcanzó picos de intensidad muy por encima del ruido, con un máximo equivalente a un valor codificado como «U» en el sistema de Ehman, varias veces superior al fondo.

Una coordenada imposible de cerrar

El Big Ear no era un telescopio apuntable al uso: tenía dos bocinas de alimentación orientadas a direcciones ligeramente distintas, que la rotación de la Tierra iba barriendo. La señal apareció en una de las bocinas, pero no en la otra, y por la forma en que se procesaron los datos es imposible saber cuál de las dos la captó. Eso deja dos ascensiones rectas posibles, separadas por unos minutos, en la constelación de Sagitario, al sureste del plano galáctico, cerca del cúmulo globular M55. La declinación, en cambio, está bien fijada en torno a los −26°57′ (J2000).

En la práctica, esto significa que cualquier intento de «volver a apuntar» al mismo punto depende de una hipótesis: la bocina A o la bocina B. Durante casi cuatro décadas, esa ambigüedad fue el primer muro con el que chocaba cualquier seguimiento. En 2022, un artículo en el International Journal of Astrobiology afinó el problema: dentro de las dos zonas candidatas se identificaron tres estrellas de tipo solar, la mejor caracterizada de ellas 2MASS 19281982-2640123, a unos 1.800 años luz. Por primera vez, «la dirección de Wow!» dejó de ser una mancha en Sagitario para convertirse en una lista de estrellas concretas, una de las cuales podría, en teoría, albergar un planeta capaz de emitir señales.

Por qué no se ha repetido

En ciencia, un evento único que no se repite es un problema serio. Si fuera una tecnofirma, debería repetirse cada vez que la fuente pasara por la ventana de observación. Y no lo ha hecho. Ehman buscó la señal en los meses posteriores con el propio Big Ear, sin éxito. Robert H. Gray la buscó con la matriz META del Oak Ridge Observatory en 1987 y 1989. H. Paul Shuch, director ejecutivo de SETI League, la buscó en 1995 con un radiotelescopio de 12 metros en Green Bank. Gray volvió a la carga en 1995 y 1996 con el Very Large Array de Nuevo México, mucho más sensible que el Big Ear, y en 1999 con el radiotelescopio de 26 metros de la Universidad de Tasmania. Todas terminaron en resultado nulo.

El intento más reciente y ambicioso llegó el 21 de mayo de 2022, cuando el proyecto Breakthrough Listen realizó la primera búsqueda dirigida expresamente a las coordenadas de la señal, combinando una hora de observación con el Green Bank Telescope y media hora con el Allen Telescope Array del SETI Institute, más una ventana de casi diez minutos en la que ambos observaron a la vez. Resultado: ningún candidato a tecnofirma. La señal Wow! sigue sin haberse repetido.

Lo que ya se descarta

Antes de seguir abierta como misterio, la señal Wow! ha sobrevivido a varias hipótesis muy concretas que han ido cayendo. La más ruidosa fue la del astrónomo Antonio Paris, profesor en St. Petersburg College (Florida), que en 2017 propuso que el responsable había sido el hidrógeno de las colas de los cometas 266P/Christensen y 335P/Gibbs, casualmente en la misma zona del cielo. La explicación era elegante, pero el equipo original de Big Ear la descartó: las posiciones de los cometas no encajaban con el momento exacto de la observación, los cometas no emiten con fuerza a 1420 MHz, y la hipótesis no explicaba por qué la señal apareció solo en una de las dos bocinas.

También se ha considerado, sin éxito, la centelleo interestelar (un parpadeo amplificador de una señal más débil), reflexiones en basura espacial —algo que el propio Ehman mencionó en 1994 como «posible, pero difícil»—, y distintas variantes de spoofing instrumental. Ninguna ha resistido un análisis cuantitativo completo.

La hipótesis que más fuerza ha ganado

En agosto de 2024, el Planetary Habitability Laboratory de la Universidad de Puerto Rico publicó un preprint con un argumento nuevo, basado en observaciones realizadas en 2020 en el Observatorio de Arecibo. Su conclusión: la señal Wow! fue probablemente el resultado de un evento astrofísico raro, una emisión estimulada (un maser natural) en una nube fría de hidrógeno que, excitada por la radiación de una estrella cercana, experimentó un pico de brillo muy breve y muy intenso a la frecuencia de 21 cm. En ese escenario, la señal sería real, natural, no terrestre y no artificial. Sería, en otras palabras, un fenómeno astrofísico, no una tecnofirma.

El preprint no cierra el caso, pero desplaza el centro de gravedad. Por primera vez, existe una explicación natural plausible que no necesita cometas, basura espacial ni errores de sensor. Tampoco descarta nada: otros episodios similares, en otras direcciones, podrían esconder señales de origen tecnológico entre el ruido astrofísico. Precisamente por eso la búsqueda continúa, y por eso la Wow! sigue siendo una referencia obligada.

Documentado: la señal existió, duró 72 segundos, cayó en 1420 MHz, y su origen aparente está en Sagitario. En 2022 y 2024 se refinó su localización y se propuso una hipótesis astrofísica basada en datos de Arecibo. Especulativo (y debe seguir siéndolo): que la señal fuera emitida por una civilización extraterrestre. Ningún dato la confirma, y ningún dato la desmiente por completo.

La señal que vuelve a sonar

Mientras la ciencia sigue sin resolver el caso, la cultura popular ha hecho algo que la radioastronomía no: asegurarse de que la Wow! no se olvide. La señal fue referenciada en el segundo episodio de The X-Files («Little Green Men», 1994) y reapareció en la serie de Netflix 3 Body Problem (2024), donde el equipo protagonista también la detecta. Pero la noticia cultural más cercana la trae Muse: el 26 de junio de 2026 la banda británica publica The Wow! Signal, su décimo álbum de estudio, grabado durante 2025 en Abbey Road Studios, The Red Room y la First Congregational Church of Los Angeles. Los adelantos, publicados entre junio de 2025 y junio de 2026 («Unravelling», «Be with You», «Cryogen», «Hexagons», «Nightshift Superstar»), llevan meses insistiendo en una misma idea que también está en el título: la posibilidad de un contacto con algo mucho mayor que nosotros.

Cuarenta y nueve años después, la señal Wow! sigue siendo exactamente lo que era en 1977: un evento real, breve, inexplicado y único. Lo que ha cambiado es el contexto. Hoy tenemos radio telescopios mucho más sensibles, proyectos SETI institucionalizados, hipótesis astrofísicas nuevas y, también, una industria cultural dispuesta a mantener viva la pregunta. La señal, en sí misma, no ha dicho nada más. Pero seguimos escuchándola.

Preguntas frecuentes

¿Qué fue la señal Wow!?

Una señal de radio muy estrecha, 72 segundos de duración, detectada el 15 de agosto de 1977 por el radiotelescopio Big Ear de Ohio en la frecuencia de 1420 MHz. Procedía de la constelación de Sagitario y nunca se ha vuelto a detectar.

¿Por qué no se ha repetido?

Porque su fuente, sea la que sea, solo se manifestó una vez y durante 72 segundos. Búsquedas posteriores, las más recientes en 2022 con Breakthrough Listen, no han encontrado nada similar en la misma zona del cielo.

¿Cuál es la hipótesis más sólida hoy?

La propuesta en el preprint de agosto de 2024 del Planetary Habitability Laboratory: un evento astrofísico raro, una emisión estimulada en una nube fría de hidrógeno excitada por la radiación de una estrella cercana, observada en Arecibo en 2020.

¿Se sabe ya de qué estrella vendría?

No de forma definitiva, pero en 2022 se identificaron tres estrellas de tipo solar en la dirección de la señal, entre ellas 2MASS 19281982-2640123, a unos 1.800 años luz. Cualquier candidato a civilización emisor estaría entre ellas.

¿Tiene algo que ver con ovnis o UAP?

No. La señal Wow! es un evento radioastronómico, no un avistamiento aéreo militar. La confusión con los UAP contemporáneos es solo de cultura popular: pertenecen a líneas de investigación distintas.

Fuentes

  • «Wow! signal», Wikipedia (Good Article), consultado el 13 de junio de 2026. Disponible en: https://en.wikipedia.org/wiki/Wow!_signal
  • «Ohio State University Radio Observatory (Big Ear)», Wikipedia, consultado el 13 de junio de 2026. Disponible en: https://en.wikipedia.org/wiki/Big_Ear
  • «The Wow! Signal (álbum)», Wikipedia, consultado el 13 de junio de 2026. Disponible en: https://en.wikipedia.org/wiki/The_Wow!_Signal_(album)

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