La ciudad perdida de la Amazonia no estaba tan perdida: lo que revela de verdad el valle de Upano

Historia

La expresión «ciudad perdida de la Amazonia» suena a leyenda pulp, a ruinas tragadas por la vegetación y a un hallazgo repentino salido de la nada. Pero el nuevo dossier científico sobre el valle de Upano, en el este de Ecuador, cuenta una historia mucho más interesante y bastante menos sensacionalista. Lo que emerge no es una Atlántida selvática ni una prueba de una supercivilización olvidada, sino la confirmación de que amplias zonas amazónicas fueron ocupadas, transformadas y gestionadas durante siglos por sociedades indígenas complejas.

La clave está en unir varias capas de evidencia. El estudio publicado en Nature Communications en 2025 reconstruye casi 2.770 años de historia ecológica alrededor del lago Cormorán, muy cerca del área donde levantamientos LiDAR habían revelado más de 7.000 estructuras en unos 300 km² del valle de Upano. Es decir: el terreno ya había ofrecido una cartografía espectacular, pero ahora también empieza a hablar a través del polen, el carbón, los microfósiles y los sedimentos.

En una frase: el nuevo trabajo no demuestra un mito, sino un paisaje amazónico profundamente modelado por actividad humana prolongada, con agricultura, obras conectadas por caminos y un declive gradual, no un colapso instantáneo.

Qué se encontró realmente en Upano

El gran giro llegó cuando los estudios LiDAR permitieron ver bajo la cubierta forestal una red inmensa de estructuras elevadas, plazas, calzadas y caminos. La imagen pública se resumió rápido como ciudades perdidas, pero los propios trabajos científicos son más precisos: hablan de un paisaje construido por comunidades asentadas durante largo tiempo, con centros, conexiones y transformaciones del entorno mucho más extensas de lo que se asumía para esta parte de la Amazonia.

Según el estudio reciente, la influencia humana en la zona cercana al lago Cormorán empezó alrededor de 570 a. C., con cultivo de maíz y distintas formas de uso del bosque. Los autores detectan señales de slash-and-burn y slash-and-mulch —desbroce con quema y desbroce con cobertura vegetal—, además de posibles prácticas de silvicultura. En otras palabras: no se trataba de grupos aislados limitados a sobrevivir en una naturaleza intacta, sino de poblaciones capaces de intervenir el paisaje de forma sostenida.

Importante: llamar a Upano «ciudad perdida» puede servir como atajo periodístico, pero también borra décadas de trabajo arqueológico y el conocimiento indígena sobre esos territorios. La propia literatura académica reciente advierte contra esa simplificación.

Por qué este caso cambia la imagen clásica de la selva amazónica

Durante mucho tiempo sobrevivió una idea muy extendida: la de una Amazonia esencialmente virgen, casi vacía de grandes ocupaciones humanas antes de la conquista europea. El caso de Upano golpea justo ese viejo marco mental. No significa que toda la selva fuera una megalópolis continua ni que todas las teorías maximalistas sean correctas. Sí significa que la historia amazónica fue bastante más diversa y sofisticada.

El equipo de Florida Tech y la Universidad de Ámsterdam subraya además algo especialmente llamativo: los bosques actuales de la zona, que a simple vista parecen «naturales», podrían ser en parte el resultado de ocupaciones, abandonos y sucesiones ecológicas relativamente recientes. Algunas configuraciones vegetales modernas, según el estudio, tendrían apenas unos 120 años. Eso obliga a mirar la selva no solo como naturaleza intacta, sino también como paisaje histórico.

¿Hubo un desastre repentino o un abandono lento?

Uno de los puntos más interesantes del nuevo trabajo es que discute una hipótesis atractiva: la idea de que una gran caída de ceniza del volcán Sangay habría destruido de golpe la ocupación de Upano. El estudio no encuentra pruebas de ese final dramático en el registro del lago Cormorán. Lo que aparece es otra cosa: un declive prolongado entre aproximadamente 200 y 550 d. C., no una aniquilación instantánea.

Ese matiz importa mucho. Los relatos de ruinas súbitamente tragadas por la catástrofe suelen funcionar bien en titulares, pero la evidencia aquí apunta a procesos más lentos: cambios en el uso del bosque, menor explotación y un abandono gradual. Después, siglos más tarde, llegó una nueva fase de ocupación desde alrededor de 1500 d. C., también seguida por abandono y reconfiguración del entorno.

Lo que sigue siendo incierto

Aunque el caso de Upano es sólido, todavía hay preguntas abiertas. Los investigadores no afirman haber resuelto todos los detalles sociales, políticos o demográficos del sistema. Tampoco presentan una cifra definitiva de población válida para toda la secuencia histórica. Y, sobre todo, el término «ciudad» sigue siendo debatible según el criterio que se use: densidad, centralización, continuidad urbana o forma de ocupación del espacio.

  • Hecho bien respaldado: el valle contiene miles de estructuras conectadas por caminos y plazas.
  • Hecho bien respaldado: hubo agricultura y transformación del paisaje durante muchos siglos.
  • Hipótesis reforzada: la ocupación principal terminó por declive gradual, no por una única catástrofe volcánica.
  • Cuestión aún discutida: cómo clasificar exactamente ese sistema asentamiento por asentamiento y cuánta población sostuvo en cada fase.

Por qué conviene desconfiar del mito fácil

Una revisión publicada en Cambridge en 2025 advertía justo de esto: el lenguaje de las «ciudades perdidas» puede deformar el hallazgo hasta hacerlo casi indistinguible de la pseudociencia. Ese riesgo existe cuando se presenta el LiDAR como si hubiera descubierto de cero lugares completamente desconocidos, ignorando estudios previos, memoria local e historia indígena.

La mejor lectura del caso Upano no es la del misterio resuelto por una máquina, sino la de una investigación acumulativa: arqueología, paleoecología, teledetección y debate público corrigiéndose mutuamente. Y eso, en realidad, resulta más poderoso que cualquier fantasía de tesoro oculto.

La gran lección de Upano: el verdadero enigma amazónico no era si había una ciudad mítica escondida, sino cuánto nos equivocamos al imaginar la selva como un espacio sin historia humana profunda.

Preguntas frecuentes

¿Se descubrió una ciudad perdida completamente desconocida?

No exactamente. Los levantamientos LiDAR hicieron visible a gran escala una red de estructuras y caminos, pero el trabajo arqueológico en la región no empezó de cero con ese escaneo. Por eso muchos especialistas prefieren evitar un lenguaje demasiado aventurero.

¿Cuántas estructuras se han documentado en el valle de Upano?

Los estudios citados por el nuevo trabajo hablan de más de 7.000 estructuras en unos 300 km², entre montículos, plataformas, caminos, plazas y centros ceremoniales.

¿El volcán Sangay destruyó la ocupación?

La nueva evidencia paleoecológica no apoya un final súbito causado por una gran caída de ceniza. Apunta más bien a un declive prolongado antes del abandono.

¿Qué cambia este estudio sobre la Amazonia?

Refuerza la idea de que algunos paisajes amazónicos fueron intensamente gestionados por sociedades indígenas y que ciertos bosques actuales también son producto de esa historia humana.

Fuentes

Tags: Amazonia, arqueología, Ciencia, Ecuador, historia, historia oculta, LiDAR, misterio, Pueblos indígenas

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