En 1986, el instructor de buceo Kihachiro Aratake buscaba nuevos puntos de inmersión para llevar turistas frente a la isla de Yonaguni, la más occidental del archipiélago japonés de Ryukyu. Lo que encontró a 25 metros de profundidad le heló la sangre: una gigantesca estructura de piedra con terrazas escalonadas, aristas rectilíneas y ángulos que parecían tallados por la mano del hombre. Casi cuatro décadas después, el llamado Monumento Yonaguni sigue siendo uno de los grandes enigmas sin resolver de la arqueología y la geología moderna.
«Se me erizaron los pelos, era abrumador», recordó Aratake en declaraciones a la BBC. Aquel hallazgo fortuito dio origen a una leyenda que no ha dejado de crecer: la de la «Atlántida japonesa», una posible ciudad sumergida que desafiaría todo lo que sabemos sobre las primeras civilizaciones humanas.
Una pirámide bajo el mar
El Monumento Yonaguni es un macizo de arenisca de aproximadamente 50 metros de largo por 20 de ancho, con una altura que alcanza los 27 metros. Se encuentra a unos 100 kilómetros al este de Taiwán, sumergido frente al cabo Arakawabana, en el extremo sur de la isla. Su característica más asombrosa es una sucesión de terrazas planas y escalones de ángulos marcados que, vistos en conjunto, recuerdan inmediatamente a una pirámide escalonada o a los cimientos de un antiguo templo.
La roca que lo compone data del Mioceno temprano —se depositó hace unos 20 millones de años— y pertenece al Grupo Yaeyama, una formación sedimentaria de areniscas y lutitas típica del arco de Ryukyu.
El debate que dura 40 años: ¿mano humana o capricho de la naturaleza?
Desde el primer momento, la comunidad científica se partió en dos bandos irreconciliables. De un lado, el geofísico japonés Masaaki Kimura, profesor emérito de la Universidad de Ryukyu, quien ha dedicado décadas a estudiar el sitio y no alberga dudas: el monumento es de origen humano.
Kimura identificó lo que considera marcas de cantera en la piedra, figuras talladas con forma de animales e incluso lo que describió como «una esfinge submarina» que, según declaró a National Geographic en 2007, «se parece a un rey chino o de la antigua Okinawa». En su hipótesis original, el profesor situó la construcción hace más de 10.000 años, obra del pueblo Jōmon que habitó el Japón prehistórico, cuando el nivel del mar era mucho más bajo y la zona estaba sobre tierra firme. Posteriormente revisó su estimación a entre 2.000 y 3.000 años de antigüedad.
El sismólogo Toru Ouchi, de la Universidad de Kobe, respaldó a Kimura tras bucear personalmente en el lugar: «Lo que dice el profesor Kimura no es exagerado en absoluto. Es fácil darse cuenta de que esas reliquias no fueron causadas por terremotos». Kimura, por su parte, recuerda que en 1771 un tsunami con olas de hasta 40 metros devastó Yonaguni causando cerca de 12.000 muertes: un evento de esa magnitud bien podría haber sepultado una ciudad entera bajo el mar.
La hipótesis geológica
En el otro extremo del debate se sitúa el geólogo estadounidense Robert Schoch, profesor de la Universidad de Boston. Tras sumergirse en el monumento, su veredicto fue contundente: «Supe que no era artificial. No es tan regular como muchos afirman, y los ángulos rectos y la simetría no cuadran en muchos lugares».
Schoch explica que se trata de «geología básica y estratigrafía clásica para areniscas, que tienden a romperse a lo largo de planos y dan estos bordes muy rectos, particularmente en un área con muchas fallas y actividad tectónica». La región de Yonaguni es sísmicamente muy activa, y las fracturas paralelas en la roca, combinadas con la erosión marina, producen de forma natural esas geometrías que tanto recuerdan a una construcción humana.
El geólogo alemán Wolf Wichmann, que estudió el sitio en varias expediciones —incluida una organizada por Spiegel TV en 1999—, coincide: las superficies y paredes de las terrazas siguen las juntas naturales de la roca sedimentaria y la red de fracturas perpendicular a estas. Los canales de oleaje, los agujeros de erosión y las perforaciones de erizos de mar son, según Wichmann, claramente identificables como procesos naturales.
El golpe más reciente a la teoría artificial llegó en 2019, cuando un equipo dirigido por Takayuki Ogata realizó un análisis topográfico digital y estudios de campo en tres puntos de la isla. Su conclusión, publicada en la revista científica E-journal GEO, fue inequívoca: el Monumento Yonaguni es una formación natural esculpida por procesos de meteorización y erosión sobre los planos de estratificación y las fracturas lineales de la arenisca. Los investigadores señalaron que existen formaciones casi idénticas en la cercana costa de Sanninudai y en otros puntos del litoral sur de la isla.
Göbekli Tepe y el fantasma de las civilizaciones perdidas
Si el monumento fuera realmente artificial y tuviera más de 10.000 años, sería incluso más antiguo que Göbekli Tepe, el santuario megalítico del sureste de Turquía que data de aproximadamente 9500 a.C. y que ya obligó a reescribir los libros de historia al demostrar que existieron construcciones monumentales antes de la invención de la agricultura.
Esta posibilidad es la que defiende el escritor Graham Hancock, conocido divulgador de la teoría de las civilizaciones perdidas. En un célebre episodio del podcast Joe Rogan Experience que reavivó el debate en 2024 y 2025, Hancock se enfrentó al arqueólogo Flint Dibble. «Para mí es asombroso que veas esto como algo puramente natural», espetó Hancock. «Supongo que simplemente tenemos ojos muy diferentes». Dibble, por su parte, fue tajante: «No veo nada que sugiera construcción humana».
Hancock señala lo que considera signos claros de diseño inteligente: escalones tallados, megalitos, arcos e incluso un grabado con forma de rostro en la piedra. También argumenta que, aunque muchas de las características de Yonaguni se observan en formaciones de arenisca de todo el mundo, la concentración de tantas peculiaridades en un área tan reducida hace muy improbable un origen puramente natural.
Lo que dicen (y no dicen) las instituciones oficiales
Un dato significativo es que ni la Agencia de Asuntos Culturales de Japón ni el gobierno de la prefectura de Okinawa reconocen el Monumento Yonaguni como un bien cultural. Ninguna de las dos instituciones ha llevado a cabo investigaciones arqueológicas ni trabajos de conservación en el lugar. Para la administración japonesa, sencillamente, no hay nada que proteger.
El arqueólogo Richard J. Pearson, especialista en el Pacífico, considera improbable la datación de Kimura, y el geocientífico Patrick D. Nunn, de la Universidad del Pacífico Sur, cataloga las formaciones como puramente naturales, al igual que las de Sanninudai en la misma costa.
Un destino de buceo único en el mundo
Más allá de la controversia científica, el Monumento Yonaguni se ha convertido en un destino de buceo de fama mundial. Cada año atrae a cientos de submarinistas que desafían las fuertes corrientes de la zona para contemplar con sus propios ojos las misteriosas terrazas. La zona también es conocida por sus poblaciones de tiburón martillo, que frecuentan estas aguas durante el invierno.
Uno de los visitantes más ilustres fue el apneísta Jacques Mayol, quien quedó tan fascinado que dedicó un libro a sus inmersiones en el monumento. Lugares como el «Triangle Pool» o el «Waterway» —nombres evocadores dados por los buceadores— alimentan la narrativa de un pasado perdido bajo las olas.
Un caso abierto
El Monumento Yonaguni sigue siendo, a todos los efectos, un caso sin cerrar. La balanza de la evidencia se inclina hoy hacia la explicación geológica, respaldada por múltiples estudios de campo y por el consenso de la mayoría de los especialistas en ciencias de la Tierra. Pero el hecho de que las autoridades japonesas nunca hayan financiado una excavación arqueológica sistemática mantiene viva la posibilidad —por remota que parezca— de que algún día surja una prueba definitiva.
El propio Robert Schoch, el mayor defensor del origen natural, se niega a dar el caso por cerrado: «En ningún caso considero que el asunto esté zanjado». Mientras tanto, el monumento descansa bajo el Pacífico, esperando que alguien —con nuevas tecnologías o con nuevas preguntas— consiga desvelar por fin su secreto.
Fuentes
- Wikipedia — Yonaguni Monument (datos geológicos, cronología del debate)
- BBC Mundo — «Cómo es Yonaguni, la misteriosa ciudad sumergida de Japón» (Naotomo Umewaka y Yasmin El-Beih, 2021)
- DW Español — «La Atlántida japonesa: ¿milagro natural o ciudad perdida?» (Felipe Espinosa Wang)
- The Jerusalem Post — «Is Japan’s Atlantis older than the pyramids?» (abril 2025)
- IFLScience — «Yonaguni Monument: Structures That Look Eerily Human-Made» (James Felton, marzo 2026)
- La República — «La formación submarina que parece una ciudad antigua» (Diego Gallegos, febrero 2026)
- NDTV — «12,000-Year-Old Underwater Pyramid Near Japan Sparks Buzz» (abril 2025)














