Altar de Mitra en Escocia: el templo secreto más al norte del Imperio romano

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Durante casi dos mil años, dos altares de piedra permanecieron rotos y enterrados bajo el suelo de lo que hoy es un campo de críquet al este de Edimburgo. Nadie imaginaba que esas piedras rotas, halladas por casualidad en 2010, iban a revelar los secretos del templo dedicado a Mitra más septentrional de todo el Imperio romano.

Los Museos Nacionales de Escocia han anunciado que estas dos piezas excepcionales —los únicos altares de este tipo jamás encontrados en territorio escocés— se exhibirán al público por primera vez en noviembre de 2026, en el marco de la gran exposición Roman Scotland: Life on the Edge of Empire en el Museo Nacional de Escocia en Edimburgo.

Un descubrimiento que redefine la frontera romana

Los altares datan de alrededor del año 140 d.C., una época en la que el emperador Antonino Pío ordenó la reocupación del sur de Escocia y la construcción del Muro de Antonino, una nueva frontera que durante dos décadas marcó el límite más septentrional del Imperio. Durante siglos, la narrativa dominante sostuvo que el Muro de Adriano, mucho más al sur, representaba la barrera infranqueable de Roma en Britania. Estas piezas cuentan otra historia.

El fuerte romano de Inveresk, en East Lothian, era mucho más que un puesto militar avanzado. Era una base de abastecimiento costero, un asentamiento vivo, y —como prueban estos altares— un lugar donde los soldados practicaban ritos religiosos complejos y sofisticados a casi dos mil kilómetros de Roma.

Mitra: el culto secreto que viajó hasta el fin del mundo

El culto a Mitra era una religión mistérica, secreta y exclusivamente masculina, que gozó de enorme popularidad entre los soldados romanos. Se celebraba en templos subterráneos llamados mitreos, donde los iniciados participaban en rituales que glorificaban el triunfo de la luz sobre la oscuridad, del bien sobre el mal, y ofrecían la promesa de una vida después de la muerte.

El doctor Fraser Hunter, conservador principal de arqueología prehistórica y romana de los Museos Nacionales de Escocia, lo explicó así: «El culto de Mitra representaba el triunfo del bien sobre el mal y daba a los soldados la sensación de que el mundo tenía un propósito y que había vida después de la muerte».

Que un mitreo existiera tan al norte, en la brumosa y hostil Caledonia, dice mucho sobre la importancia que los soldados romanos concedían a sus creencias incluso en los confines más remotos del Imperio.

El altar del dios Sol: una trampa de luz bajo tierra

El primer altar, dedicado al dios Sol, es una pieza de una sofisticación técnica que todavía hoy sorprende. Tallado en arenisca beige, mide aproximadamente 1,23 metros de altura y presenta en su centro el rostro de Sol enmarcado en un círculo grabado. Pero lo verdaderamente extraordinario es su diseño: los ojos, la boca y los seis rayos de la corona solar están perforados.

El altar fue concebido para ser iluminado desde atrás. En la penumbra del mitreo subterráneo, la luz atravesaba las perforaciones y hacía que el rostro del dios brillara desde dentro, creando un efecto visual impactante. «En la oscuridad del templo, se podían ver los rayos y los ojos del dios Sol mirándote fijamente», relató Hunter.

La pieza incluye además relieves de las cuatro estaciones representadas como deidades femeninas, una alusión al paso del tiempo, tema central en la cosmología mitraica. No era solo un altar: era una puesta en escena diseñada para hacer tangible lo divino.

Mitra y Apolo: el segundo altar

El segundo altar está consagrado al propio Mitra y su iconografía refuerza el protagonismo de la luz en el culto. Está decorado con símbolos vinculados a Apolo, otra divinidad solar: una lira, un plectro, un grifo y dos cuervos, motivos recurrentes en la imaginería mitraica. La combinación de referencias a Sol, Mitra y Apolo revela un programa religioso coherente y deliberado.

El centurión que encargó los altares

Ambos altares fueron dedicados por un centurión legionario cuya identidad ha podido ser reconstruida parcialmente gracias a las inscripciones. La abreviatura «G CAS FLA» corresponde muy probablemente a Gayo Casio Flaviano, quien habría estado al mando de la guarnición del fuerte de Inveresk en aquella época. Fue él quien, en un confín del Imperio, decidió invertir en estos monumentos costosos y espectaculares para honrar a sus dioses.

Policromía: los altares no eran blancos

Los trabajos de conservación, que incluyeron la reconstrucción de los fragmentos y la estabilización de la piedra, revelaron otro dato fascinante: restos de pigmento adherido a las superficies talladas. Los altares estuvieron originalmente policromados con colores vibrantes, lo que desmonta la imagen errónea de una escultura romana monocroma y austera. En su día, estas piezas eran tan coloridas como imponentes.

Una ventana al alma del soldado romano

El hallazgo es relevante no solo por su valor artístico, sino por lo que revela sobre la vida interior de los soldados destinados en la frontera. Lejos de Roma, rodeados de incertidumbre y peligro, estos hombres encontraron en el culto de Mitra un código compartido de hermandad, un relato de esperanza cósmica y una experiencia ritual que apelaba directamente a los sentidos.

La arqueología confirma además que el mitraísmo ya estaba plenamente implantado en el ejército romano de Britania a mediados del siglo II d.C., mucho antes de lo que sugería la mayoría de las evidencias disponibles hasta ahora, que databan sobre todo del siglo III.

Los dos altares de Inveresk podrán visitarse en el Museo Nacional de Escocia a partir del 14 de noviembre de 2026. Será la primera vez que el público pueda contemplar de cerca estas piezas que, durante casi dos milenios, permanecieron ocultas bajo un campo de críquet escocés, esperando volver a brillar.

Fuentes: National Museums Scotland, The Independent, La Razón, The Scotsman, BBC Newsround, Ancient Origins, La Brújula Verde, El Universo.

Tags: actualidad, arqueología, Escocia, España, historia antigua, Imperio romano, Mitra, Roma

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